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La Navidad del Fabirol

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23 de diciembre de 2006. Auditorio de San Francisco. Monzón (Huesca).

La noche era fría pero el ambiente, como siempre en Monzón, cálido en las luces del castillo, siempre vigilante y acogedor desde sus alturas, y las de la plaza de San Francisco, donde el homónimo conservatorio y auditorio abría sus puertas para dar lugar a un concierto muy especial: la Albada al Nacimiento. Los músicos: La Orquestina del Fabirol, uno de los grandes grupos intérpretes de la música tradicional popular aragonesa.

El programa consistía en un repertorio que la Orquestina lleva ofreciendo desde hace diez años, cuando publicaran el disco Albada al Nacimiento (Kikos, 1996), que recientemente ha sido reeditado bajo el título de La Navidad en Aragón (Prames, 2005). Son canciones tradicionales de villanos –villancicos–, de tema navideño, recogidas en diversas localidades aragonesas. La selección original fue realizada por el folclorista Blas Coscollar y los arreglos se deben al músico alemán Bernhard Rövenstrunck. La vida, el juego, la música, viene aportada por los miembros de la Orquestina con virtuosismo, calor y una alegría sonora palpable, que evidencia el amor que ponen en lo que dan en directo.

Quienes acudimos a la cita, disfrutamos de un espectáculo musical con vocación teatral, preñado además de un decidido y sereno espíritu de reivindicación del calor y la presencia de lo social, lo cultural, lo solidario y fraterno, lo humano, en la vida tradicional. Entre canción y canción, un cercano y afable Jesús Pescador nos contaba "historietas" y costumbres relacionadas con aquella Navidad que vivían nuestros abuelos: la Tronca de Navidad, las calandras o la imagen medieval del personaje de San José, que el "actor" ejemplificó –grata sorpresa– leyendo en voz alta un fragmento de La representación del nascimiento de Nuestro Señor, drama medieval firmado por Gómez Manrique. Llegado el descanso, unos niños ofrecieron al público un porrón de moscatel y una cesta de frutos secos, que pasaron de mano en mano mientras se montaba un belén improvisado, original e inesperado en el escenario. El belén, dispuesto con unos pocos trapos y sencillos objetos de los músicos y de los niños, sirvió además como tranquila y sobria denuncia del consumismo que aqueja a nuestra sociedad y a las fiestas navideñas en particular.

Fue un concierto de gran calidad musical, humana y, si se me permite el adjetivo, espiritual. Sin partir en principio de un enfoque intencionalmente religioso sino básicamente folclórico, reinó siempre un escrupuloso respeto al sentido religioso de la Navidad, y el grupo consiguió crear comunión con el público con cada acto y cada palabra, alentando con sabiduría y buen hacer el sentimiento de lo comunitario, compartiendo con todos música, aguinaldo y buenas intenciones. Se respiraba familiaridad y confianza, lo cual no siempre se da en un espectáculo participativo. Al fin, terminó el concierto pero el mensaje sobrevivió: a la salida, uno de los músicos ofrecía manzanas de una cesta a cada persona que pasaba, mientras los niños se ocupaban de la venta de los cedés. Una muy grata experiencia y un verdadero regalo. Gracias.

[Artículo publicado en la web Músicas Del Mundo a principios de enero de 2007.]

26/12/2006 01:00.

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