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¿Cómo no hablar del Ser?César Vallejo escribió, el 5 de noviembre de 1937, el siguiente poema:
Parece que para Vallejo, tras presenciar el sufrimiento humano y sentirlo y asumirlo como propio, las consideraciones de índole filosófica devienen vanas, un ejercicio estéril de especulación sin alcance efectivo alguno para paliar los males del otro. La compasión le mueve, si se puede decir, a descender de la cabeza al corazón, y también de lo abstracto a lo concreto. El arte, el pensamiento, la literatura, la metafísica se tornan actividades imposibles ante la constatación de la miseria acuciante del ser humano, que a uno le interpela como con un grito, acaso el mismo al que el autor apela en el último verso. Son los versos marcados en negrita los que más me interesan aquí, porque creo que aluden más propiamente que los demás a las preocupaciones más radicales (¿espirituales?) del ser humano, que siempre tienen que ver con una pregunta esencial: ¿quién soy yo? Me parece que esta cuestión, fundamental, tiene, contrariamente a lo que podría parecer, una relación muy estrecha con ese lamento de Vallejo ante el sufrimiento humano. A ver si me explico: Vallejo, creo, es muy certero –es simplemente consecuente con aquello que le mueve– al centrarse en lo concreto del dolor del otro, y uno no podría hacer otra cosa ante ello que abandonar el nivel especulativo y dar pan al hambriento y agua al sediento. Pero, al mismo tiempo y sin contradicción alguna, creo que la resolución del sufrimiento y la miseria de este mundo pasa por esa búsqueda profunda del Ser, por esa pregunta esencial de la que, a veces, conviene hablar. Una referencia al budismo que me viene ahora a la mente: la primera Noble Verdad que anunció el Buda es: «el sufrimiento existe». Algo muy concreto, que a él mismo le indujo a andar el camino que le llevó a la resolución del problema del sufrimiento. Y, en el Evangelio de Juan (4, 13-14), dice Jesús a propósito de la sed (identificable, quizá, con el deseo que, para el Buda, constituye la causa del sufrimiento):
Ante la constatación del sufrimiento del prójimo, ¿cómo hablar del Ser? De acuerdo. Pero además: ¿cómo no realizar el Ser? Comentarios » Ir a formularioAutor: Toni Saludos, Dani. Considero que encerrarse en el lamento sin intentar hacer nada para cambiar aquello que lo ha provocado es muy justo y respetable... Pero es enterrar el hacha. Y creo que nuestra hacha, la única arma que quizá nos permita algún día cambiar las cosas, está en el mundo de la idea: aunque sólo unos pocos puedan asomarse a él mientras las miserias del mundo siguen mostrándose en todo su doloroso esplendor. Un abrazo Fecha: 29/10/2007 10:29. Autor: Daniel Para mí, el poema de Vallejo podría ir un poco en la dirección que tú apuntas. Ese grito del final bien podría ser un grito de guerra, por seguir con tu imagen del hacha. Es decir, estaría apelando a la acción (aunque sea en el mundo de la idea) para solucionar los males de que se lamenta. Pero, dentro de eso, tal como yo lo interpreto, Vallejo sentiría la necesidad de abandonar el nivel especulativo para pasar a una acción más desde el amor que desde lo mental. El último verso me parece ambiguo: con ese grito, ¿está rechazando la idea o potenciándola desde un nivel más profundo, espiritual? Lo que a mí me sugiere es que las miserias del mundo no podrán resolverse mientras no demos ese paso más allá de las ideas y conocimientos con que contamos. Un paso al vacío, más allá del yo (y en este sentido me parece sugerente la aparición del "no-yo" junto al grito de Vallejo). Abrazos, Toni. Fecha: 29/10/2007 14:12. |
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