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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2007. Resumen
La belleza de la simplicidad![]() VII Semana Cultural Japonesa Universidad de Zaragoza Japón, la belleza de la simplicidad Del 7 al 11 de mayo de 2007 Aula Magna I, Facultad de Filosofía y Letras Cartel / Inscripciones y créditos / Programa Más información en el Departamento de Historia del Arte: Arte y cultura de Japón en la Universidad de Zaragoza Extra: Aunque no aparece en el programa, hay en la Sala de Exposiciones de la facultad una muestra de sumi-e (pintura a la tinta), por Kumiko Fujimura. ![]() Y en la tristeza...
Un párrafo de ésos que a uno se le presentan como un enigma escondido. Tiene algo, piensa uno, y no sé qué. En medio de la tristeza y la desolación, armonía. Cantan las mujeres en el templo y hay un canto, natural, que no cesa, que estaba ya antes de la tristeza, la desolación y las mujeres en el templo. Hay una música que trasciende lo humano y, sin embargo, toda esa pobreza humana ocupa su lugar en ella. Acaso un lugar especial, se podría pensar, o simplemente el lugar que le corresponde: ahí junto a los pajarillos, las currucas, las ramas secas. Y acaso no un lugar sino la obra toda, y el piar incesante en la pobreza. Y, como dijo la santa, todo está bien. Continúa el canto misterioso, que nunca deja de oírse porque siempre está, también ahí o justo ahí, entonces, en la tristeza. ![]() Cielo subterráneo![]() Claustro románico del siglo XII.
![]() Los milagros superfluos de Shahrazad y el dejarse vivirCuenta Borges en "El Sur": «Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones. Dahlmann había conseguido, esa tarde, un ejemplar descabalado de las Mil y una noches, de Weil; ávido de examinar ese hallazgo, no esperó que bajara el ascensor y subió con apuro las escaleras; algo en la oscuridad le rozó la frente ¿un murciélago, un pájaro? En la cara de la mujer que le abrió la puerta vio grabado el horror, y la mano que se pasó por la frente salió roja de sangre.» Unas tres páginas más tarde en la edición de Ficciones en Alianza, tras una dolorosa convalecencia y quién sabe qué artificios y espejismos borgianos, el sujeto viaja al Sur. «A lo largo del penúltimo andén el tren esperaba. Dahlmann recorrió los vagones y dio con uno casi vacío. Acomodó en la red la valija; cuando los coches arrancaron, la abrió y sacó, tras alguna vacilación, el primer tomo de las Mil y una noches. Viajar con este libro, tan vinculado a la historia de su desdicha, era una afirmación de que esa desdicha había sido anulada y un desafío alegre y secreto a las frustradas fuerzas del mal. La desdicha del pobre Dahlmann –el accidente– fue efecto de la avidez: el deseo de leer, en concreto las Mil y una noches con sus mil y un artificios (¿de evasión de la realidad?). Identifica el mal con aquella mala pasada que le jugó la sed, pero no odia el libro; lo lleva consigo. En contacto con la mañana, sin embargo, los milagros de Shahrazad no son nada al lado del simple dejarse vivir. Dahlmann desvía la mirada del objeto de su deseo: la lectura, el saber. Saborea en cambio el paisaje, la mañana, el hecho de ser; se abandona. En la felicidad, todo artificio resulta superfluo. Estas ficciones de Shahrazad, que distraen de lo real; esta avidez de leer, que provoca enfermedad como todo dejarse llevar por la sed de cosas exteriores, me recuerdan a un aviso de San Pedro de Alcántara (leído en Esperando nacer) cuya lectura –creo– no ha de ser sólo moral, al menos para ver alguna relación con el texto de Borges. Dice así:
La sabiduría divina y la raíz de ese obrar tienen algo que ver, me parece, con un cierto dejarse vivir, por otro o desde otra instancia. Acaso no muy lejos del abandono puntual de Dahlmann al hecho de ser. ![]() |
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